sábado, setiembre 05, 2009

No es que no lo hayamos pensado alguna vez, hemos visto los muros de esta ciudad a la media noche y sin embargo. Sí, los muros de esta ciudad, esos muros invisibles, que solo aparecen cuando oscurece y cuando tenemos botellas de licor a nuestro lado. Estamos cansados, los años nos caen encima como avispas enfurecidas y eso que no llevamos tantos. Imagínate, solo veinte y dos avispas atacándonos, no es en realidad tanto. Y sin embargo, cuando andamos por las calles, que parecen mercados infinitos, lo hacemos corriendo. ¿Dónde podemos encontrar una tierra seca y vacía donde podamos hablar tranquilamente y donde se escuche nuestra voz? Que suene la voz de nosotros y no las sirenas, ni los motores o los gritos, ni nada de eso. Y lo peor es que ni siquiera llueve, y es una ciudad húmeda, esta es una ciudad húmeda sin que llueva, ni llorando los dos juntos haríamos que llueva, a pesar que digas que cuando llueve es porque una niña llora mucho. Entonces yo pienso, que en estas cosas como en la poesía no hay lógica, ni en nuestra relación canción inesperada sonando de pronto, destello de luz. Yo solo andaba, tú buscabas besar algo. Podría haber sido yo como cualquier otro, poco importaba. Así que ahora aquí estamos, yo más que tu, yo que levanto mis paredes en estas calles. Imagínate el contexto: una calle pequeña dónde encuentras un mercado y un circo y un bar y un prostíbulo y una esquina dónde van a parar todos los deshechos del día. El mundo es esa pequeña calle, el mundo entero. Tu solo eres una forastera aquí, ni siquiera pisas estas tierras densas y húmedas, aquí solo está tu imagen que evoca los restos de tu sombra, el niño que alguna vez hicimos y dejamos olvidados. Y la última novela que leí hablaba un poco sobre esto, pero no decía que deberíamos hacer. Eso es lo malo con la literatura, te habla pero no te responde cuando le preguntas algo. Yo me llamo, tú te llamas, con un puente entre nuestros nombres todo sería más fácil. Mejor imaginar que todo esto es como la noche boca arriba de Cortázar, o que estamos en el barco de Ulises buscando Ítaca. La mejor forma de olvidarnos es imaginar ser otros. Ahora somos otros, soy el chico accidentado de la moto y tú la dulce enfermera que me recibe y atiende constantemente. Sin embargo, en algún momento despertaremos. Yo me encontraré en medio de una hoguera, tú estarás a lo lejos tejiendo y destejiendo el infinito sudario, sin recordar el por qué es que lo haces. Ha de llegar el momento, siempre nos alcanza el destino de una manera u otra. Los pasos se escucharán, las lanzas comenzarán a gritar. Ya atravesarán mi cuerpo, como si fuesen rayos de luna cayendo sobre mí.

1 comentario:

plantita burocracia dijo...

owwwww helí mi tía romanticona
que bueno que estés posteando otra vez =D